¡No seamos monedas!

Stacks of Coins

¿Por qué tanto ruido? ¿Por qué necesitamos vociferar nuestro valor como seres humanos dejando evidencia con esta actitud de que no estamos seguros del mismo?

¿Por qué tanta necesidad de ser reconocidos por los demás, cuando lo importante es la satisfacción interior?

Existen personas que necesitan hacer un alboroto para hacerse sentir, para que las vean y ser tomadas en cuenta. Personas que hacen hasta lo imposible para que todos a su alrededor sepan que existen. Que no dejan escapar una ocasión en la que tengan la oportunidad de resaltar sus “dotes especiales”, y terminan exhaustas y degastadas emocionalmente. Es como vivir eternamente dando saltos para intentar sobresalir ante la gran multitud.

Cada vez estoy más convencida de que la humanidad es un valor escaso en estos tiempos.

Después de mucho trabajo y sacrificio las personas llegan a la cúspide de la montaña y olvidan  que es ahí donde realmente se empieza  a escalar. Nunca serás demasiado grande como para no necesitar de alguien que te ayude a subir a otro nivel.

No existe nada más satisfactorio que reconocer a quienes se hacen cómplice de nuestro éxito.  Qué importante y gratificante es aprender a valorar los aportes de otros y a ser  agradecidos. Aprender a compartir el éxito es una virtud que pocos cultivan.

En el preciso momento en que empezamos a creer que somos invencibles, que no necesitamos aprender más, que somos los mejores en tal o cual destreza, y nos sentimos superiores a los que nos rodean, en ese mismo instante empezamos a perder la humildad, a encerrarnos en un cerco  impenetrable de egoísmo y vanidad que nos convierte en personas engreídas. Probablemente muy exitosas, pero carentes de amistades sinceras y honestas.

Cuidado con esa infla que suelen dar los títulos y cargos, el fantasma del ego se alimenta de los aplausos y situaciones. Las posiciones laborales son como el humo de los espectáculos, solo parte de un efecto especial que, mal digerido, te puede hacer sentir más grande y poderoso de lo que en realidad eres. Vivamos la vida cultivando valores y humildad, y pensando en que los demás también importan, para cuando termine el show y nos corresponda bajar del escenario, aún continuemos escuchando los aplausos.

El primer paso para vivir en humildad es reconocerle a Dios el mérito de toda cualidad que poseemos.

Practiquemos el arte de descubrir y destacar lo mejor que tienen las personas que nos rodean. Todo ser humano ha tenido alguna experiencia que puede convertirse en su gran ventaja. Einstein dijo una vez “Nunca he conocido a una persona tan ignorante que no tuviera algo que enseñarme”.

Siempre recuerdo un refrán de mi abuela “son las monedas las que hacen ruido, porque no tienen valor y necesitan llamar la atención. Los billetes en cambio, no tienen nada que demostrar, su valor está intrínseco en sí mismos”.

 

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