¿Qué estamos comunicando?

Lo conocí hace varios años mientras yo impartía clases en un diplomado de Relaciones Públicas. Ya en aquel entonces poseía un currículo profesional impecable que hablaba de importantes logros.

comunicación

Nunca lo vi departir con sus compañeros, más bien parecía no estar a gusto en aquel ambiente. Sus comentarios sobre la clase eran desafiantes, y reputaba cualquier intervención de otra persona con una altanería que evidenciaba cuán superior se sentía. Disfrutaba cuando podía expresar anécdotas de sus viajes, de las personalidades con que había conversado o de la gran cantidad de libros leídos.

El diplomado concluyó y, a diferencia de los demás miembros del grupo con quienes mantengo un foro de temas relacionados, nunca más volví a saber de él. Una noche coincidimos en una conferencia sobre “personal branding”, durante la cual criticó cada planteamiento del profesional que disertaba, con argumentos tan mal fundamentados que me hicieron cuestionar a qué realmente había asistido.

Recientemente recibí sorprendida su visita en la oficina para poner a disposición su aptitud profesional, no sin antes hacer alardes de su extensa hoja de vida.

No me extraña que esté desempleado ni que en los últimos años haya paseado su “experiencia” profesional por varias instituciones de renombre, pues para nadie es un secreto que se ha producido una revolución en el mundo laboral.

Parece que no es suficiente tener varios títulos colgados en la pared.

Las empresas se han vuelto más exigentes y requieren individuos con inteligencia emocional, empáticos, colaboradores y capaces de comunicarse de forma positiva.

En este contexto, es importante interiorizar y cuestionarnos sobre qué estamos comunicando. Desde tiempos remotos, comunicarnos ha sido una necesidad básica. Somos entes sociales y las relaciones interpersonales garantizan el éxito de cualquier actividad.

Estamos en un mercado laboral competitivo y saturado, en el que se necesita confiar más en las personas que en las organizaciones, y la actitud positiva es una herramienta fundamental para dirigir departamentos comerciales y de servicio.

Evidentemente todo lo que hacemos o dejamos de hacer comunica.

El silencio trae intrínseco un mensaje tan revelador como el lenguaje verbal y no verbal. Nuestra actitud determinará en todo momento el éxito de la comunicación.

Las entidades contratan individuos por la aptitud que poseen para desempeñar una posición, pero es su actitud la que podrá definir hasta dónde puede llegar y desarrollarse.

Nos agrade o no, somos una marca y la forma de comunicarnos define cómo somos percibidos.

La construcción de una imagen profesional equilibrada y armónica resulta de la sumatoria de aspectos exteriores y una personalidad educada, flexible y naturalmente cordial, construida en valores y virtudes morales.

La naturaleza no mutila. Cada uno de nosotros tiene un talento y una habilidad que nos hace especial. Es justo descubrirlo y potencializarlo al máximo sin intentar avasallar a los demás. Aprendamos a aplacar ese impulso egoísta que cree que lo realmente importante es lo propio y no lo ajeno, a aceptar y a valorar a quienes nos rodean. Recordemos que la aptitud nos abre las puertas del éxito, pero es nuestra actitud la responsable de mantenerlas abiertas o clausuradas.

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