El último beso

Hace unos días nuestro país se estremeció con la terrible noticia de la partida a destiempo de el síndico de Santo Domingo Este, Juan de los Santos, en un hecho que aún no queda claro y que también cobró la vida a dos personas más, dejando en la orfandad a once inocentes infantes, y en la tristeza y desconsuelo a tres viuda.

 

Ha habido muchas hipótesis sobre el tema y cada quien ha sacado sus propias conclusiones, algunos, incluso llegando a juzgar el accionar de los involucrados. Opiniones que van y vienen y que cada quien sustenta desde su verdad. Particularmente, el hecho me dejó atónita, llena de miedo e incertidumbre. Pero lo que más me ha impactado y ha destrozado el corazón, es aquella fotografía en la que Juan de los Santos, el padre, se ve feliz celebrando el encuentro de Navidad en el colegio de dos de sus hijos.

little cute boy and his mother kiss each other

Imagino aquella escena salpicada de ternura en la que él se sentía orgulloso de su prole y los despedía con un beso para dejarlos disfrutar de su día e integrarse a la cotidianidad de la jornada laboral.

Ha habido muchas hipótesis sobre el tema y cada quien ha sacado sus propias conclusiones, algunos, incluso llegando a juzgar el accionar de los involucrados. Opiniones que van y vienen y que cada quien sustenta desde su verdad. Particularmente, el hecho me dejó atónita, llena de miedo e incertidumbre. Pero lo que más me ha impactado y ha destrozado el corazón, es aquella fotografía en la que Juan de los Santos, el padre, se ve feliz celebrando el encuentro de Navidad en el colegio de dos de sus hijos.

Imagino aquella escena salpicada de ternura en la que él se sentía orgulloso de su prole y los despedía con un beso para dejarlos disfrutar de su día e integrarse a la cotidianidad de la jornada laboral.

Me impresionó porque al igual que él, pocos días después fue mi turno de ir al colegio de mi hijo menor, acompañarlo a su fiesta de Navidad y despedirlo con un beso.

Sospecho que esos últimos momentos, para Juan de los Santos y sus niños, fueron tan comunes como todos los días y como los de todos nosotros.

Llevo días dándole vueltas al asunto y preguntándome si le habrá dicho a sus hijos las veces suficientes lo mucho que los amaba.

A veces vamos tan rápido por la vida que olvidamos vivirla y nos cuesta detenernos a amar, a expresar lo que sentimos… Todas las noches, cuando acompaño a mis hijos a su habitación, rezamos juntos y nos despedimos, reflexiono sobre si le habré dicho las veces suficientes lo mucho que los amo, lo importante que son para mí, y lo feliz que me hace saber que los tengo.

Sé que no soy la mejor mamá del mundo, y honestamente no pretendo serlo. Pero me he propuesto siempre decir lo que siento y lo que pienso, a mis hijos, a mi esposo y a todos los que me rodean.

No existe la certeza de saber cuándo será el último beso, así que quiero que, cuando ese día llegue, les haya dado tantos que nunca me olviden…

Cada momento es un privilegio, cada día es una oportunidad, aprovechemos el tiempo, nunca sabemos qué instante será el último, vivamos con tanta intensidad que cada sonrisa sea tan radiante como si fuera la última; que cada palabra sea sabia como si fuera la última; que cada encuentro sea disfrutado como si fuera el último; que cada beso sea tan apasionado como si fuera el últimoÖ Porque no sabemos si habrá un mañana, pero tenemos el hoy… Con nuestras acciones hagamos que sea eterno y aprendamos a darle valor a la vida.

Me impresionó porque al igual que él, pocos días después fue mi turno de ir al colegio de mi hijo menor, acompañarlo a su fiesta de Navidad y despedirlo con un beso.

Sospecho que esos últimos momentos, para Juan de los Santos y sus niños, fueron tan comunes como todos los días y como los de todos nosotros.

Llevo días dándole vueltas al asunto y preguntándome si le habrá dicho a sus hijos las veces suficientes lo mucho que los amaba.

A veces vamos tan rápido por la vida que olvidamos vivirla y nos cuesta detenernos a amar, a expresar lo que sentimos… Todas las noches, cuando acompaño a mis hijos a su habitación, rezamos juntos y nos despedimos, reflexiono sobre si le habré dicho las veces suficientes lo mucho que los amo, lo importante que son para mí, y lo feliz que me hace saber que los tengo.

Sé que no soy la mejor mamá del mundo, y honestamente no pretendo serlo. Pero me he propuesto siempre decir lo que siento y lo que pienso, a mis hijos, a mi esposo y a todos los que me rodean.

No existe la certeza de saber cuándo será el último beso, así que quiero que, cuando ese día llegue, les haya dado tantos que nunca me olviden…

Cada momento es un privilegio, cada día es una oportunidad, aprovechemos el tiempo, nunca sabemos qué instante será el último, vivamos con tanta intensidad que cada sonrisa sea tan radiante como si fuera la última; que cada palabra sea sabia como si fuera la última; que cada encuentro sea disfrutado como si fuera el último; que cada beso sea tan apasionado como si fuera el últimoÖ Porque no sabemos si habrá un mañana, pero tenemos el hoy… Con nuestras acciones hagamos que sea eterno y aprendamos a darle valor a la vida.

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