Amigos de la vida real

Confieso que tengo pocos amigos. Podría incluso nombrarlos con los dedos de una mano. Algunos de antaño que han visto crecer a mis hijos, otros, los que he ido conociendo en el camino de la vida y me han demostrado su integridad, honestidad y lealtad.

No es necesario nombrarlos, ellos saben quiénes son. No necesitamos vernos a diario, ni escribirnos mensajes de cuatro párrafos llenos de emotividad por las redes sociales, tampoco salir a divertirnos a menudo. La fortaleza de nuestra amistad consiste en estar presentes con tiempo de calidad.

Los años se han hecho testigos de decenas de situaciones en las que he contado con el respaldo de ellos. Sin importar la hora, el día o el momento, han estado ahí, dispuestos a apoyarme y a escucharme, sin juzgar, sin suponer.

Tener un amigo verdadero es más que un privilegio, una bendición. Saber que con ellos no necesitas esconderte detrás de una pose, que puedes ser tú mismo, charlar, llorar o reírte de ti,  y que el compromiso asumido en favor de la amistad se convertirá en una barrera en la que podrás refugiarte.

Group of young people together outdoors in urban background

La riqueza más valiosa es un buen amigo que responda con fidelidad. Leales son los amigos que son nobles y no critican, ni murmuran, que no traicionan una confidencia personal, que son veraces. Son verdaderos amigos quienes defienden el interés y el buen nombre de sus amigos, que hablan claro, son francos y objetivos al corregir a quien se equivoca.

No es suficiente un día para celebrar la magia de este sentimiento maravilloso que se refiere a la amistad; una cualidad intrínseca del ser humano que, lamentablemente, a veces es utilizada con el único fin de buscar ventajas. La amistad sincera es más que una cadena de afectos e intereses en común; es dar sin esperar a cambio, es una filosofía de servicio, es amar sin reservas, es ser agradecido.

“El agradecimiento es el más efímero de los sentimientos humanos”, reza un refrán popular, y con mucha frecuencia parece tener razón. La gratitud solo es propia de los verdaderos amigos.

Te invito a que aprovechemos este mes de febrero, que ha sido declarado el tiempo del amor y la amistad, para agradecer a esas personas especiales por el tiempo que comparten con nosotros. Por las carcajadas y las lágrimas, por la fidelidad, por los sueños y aventuras.

Que la rutina y la seguridad no se conviertan en un enemigo mortal. La amistad se cultiva cada día, pone a prueba la generosidad y la paciencia. No somos perfectos, somos humanos, y ser sociables es parte de nuestra esencia, pero saber escoger a los amigos es una decisión de sabios.

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