Cándida de Medina, una primera dama solidaria

Ni el ajetreo de la campaña electoral en la que está inmerso su esposo, ni los afanes propios de sus funciones han logrado entorpecer su paz interior.

Serena, ecuánime y segura de sí misma, Cándida Montilla de Medina confiesa que ha logrado el equilibrio perfecto entre las labores profesionales y su vida familiar. “Nada ni nadie tiene poder para robar la paz de mi universo. Esa tranquilidad espiritual que da el Creador y que me permite escuchar a la gente con paciencia y amor”, dice la Primera Dama de la República, al compartir como invitada de honor en el tradicional encuentro la Hora del Té de LISTÍN DIARIO.

Montilla de Medina tiene una orientación de fe cristiana profunda. Para ella, cada persona tiene fortalezas que, en un escenario de oportunidades, minimizan sus debilidades.

“La sabiduría, la paz y el amor vienen de Dios. Al inicio de cada día me regalo un momento de silencio y oración donde me encuentro conmigo misma. La base espiritual es una herramienta que te permite sentir cosas que no ves. Dios me llena de fortaleza para entender a mi esposo, que como Presidente se enfrenta a un sinnúmero de situaciones difíciles, estoy para apoyarlo, ponerme en su lugar y dejar de pensar en el mío propio”, explica.

Cándida Montilla de Medina es licenciada en Psicología Clínica, con especialidad en Terapia Familiar y Sexual. Desde hace 29 años comparte su vida con el licenciado Danilo Medina, de cuya unión han nacido tres hijas: Candy Sibeli, Vanessa Daniela y Ana Paula.

“Soy madre, esposa, hija y hermana y como toda mujer tengo preocupaciones propias de la vida del ser humano. Mi esposo y yo somos profesionalmente independientes, cada quien está en su área, pero estamos muy unidos espiritualmente”, sostiene Montilla.

VIDA DE FAMILIA

“Seguimos con las mismas tradiciones familiares. Hablamos de los temas cotidianos de cualquier familia. De nuestras hijas y sus inquietudes, los planes para cuando lleguen los nietos. Danilo habla mucho con sus hijas, le gusta escucharlas, no hemos perdido la esencia”.

“Con el tema de la campaña hay poco tiempo para el descanso. Y como en la mayoría de las familias dominicanas mi esposo llega a la casa en la noche, él pasa inmediatamente al “family room”, se sienta en un mueble gris, que es su favorito, hablamos un poco, vemos televisión. A Danilo le gusta disfrutar de los juegos de pelota, tanto local como internacional. Disfruta leer, tomamos té. Tenemos en casa un perrito, llamado Micky, que siempre sale a nuestro encuentro y hasta nos acompaña a cenar… somos una familia normal”, expresa con satisfacción y ternura la Primera Dama de la nación.

Un sueño hecho realidad

Cándida Montilla de Medina, ha dedicado parte importante de su vida a la solidaridad social, contribuyendo, a través de la Fundación Renacer, a fortalecer el desarrollo integral de las familias pertenecientes a iglesias católicas de las más apartadas comunidades nacionales.

A través del Despacho de la Primera Dama desarrolla varios programas sociales enfocados en ayudar a los más necesitados, como: Mujeres Saludables, Comunidades Inteligentes, Ángeles de la Cultura, Servicio al Ciudadano, Cuenta conmigo y Niñez Primero.

Pero la Primera Dama de la nación confiesa que el proyecto estrella de su gestión son los Centros de Atención Integral para la Discapacidad (CAID), en los que trabaja con pasión para convertirlos en un modelo de atención con estándares de excelencia en favor de niños y niñas con habilidades diferentes y sus familiares.

“El gran proyecto de mi gestión, el que sin dudas me ha dado más satisfacciones personales, son los CAID, por la gran sensibilidad infantil que representan”.

“Al concebir, proyectar y construir los CAID, de los cuales existen ya tres: en Santo Domingo Oeste, Santiago y San Juan, y restan los de San Pedro de Macorís y Santo Domingo Este, pensamos en la necesidad de que los niños encontraran un espacio de amor que les permitiera fortalecer sus habilidades e insertarse en la sociedad”, explica Montilla de Medina, con evidente emoción.

“Llegará el momento del retiro y el día en que ya no esté en la Presidencia, extrañaré mi trabajo en los centros, pero me  sentiré satisfecha por lo que hemos logrado, tanto yo, como mi esposo. ÉL llegó con una meta y poco a poco la hemos alcanzado. Siento que vamos a disfrutar una nueva etapa con nuestras hijas y las familias que ellas formen, y estaremos eternamente agradecidos por la confianza del país en esta gestión”, reflexiona la Primera Dama.


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