¿Quién aprendió de quién?

Hace algunos días tuvimos que despedir la doceava promoción del programa de pasantía Periodistas por un Año. Una plataforma de formación profesional que da la oportunidad a jóvenes talentos del periodismo de vivir la experiencia de trabajar en LISTÍN DIARIO.  Los potenciales profesionales son asignados a las diferentes secciones del periódico y de revistas tomando en cuenta sus intereses, y se enrolan en las labores cotidianas propias del área, sin ninguna diferencia con los periodistas veteranos de planta. Lo que les permite poner en práctica lo que en teoría han visto en la universidad. De estos grupos de pasantía han salido excelentes profesionales que se desarrollan en diferentes vertientes de la comunicación, y han sido ellos quienes más galardones han traído a la redacción de este diario, al participar, con sus trabajos de investigación,  en los concursos de periodismo que se realizan en el país.

En este transcurso conocí a Rosmery y a Águeda, ‘mis niñas’ asignadas a Las Sociales, y a otros jóvenes, que como ellas, llegaron con el equipaje cargado de sueños, esperanzas y muchos deseos de superarse.

Ellas estaban claras de cuál era su objetivo primario: habían venido a aprender. Pero lo que no se imaginan es que en todo este proceso son ellas quienes nos han enseñado. Si bien es cierto que acogerlas en el equipo significó una gran responsabilidad, porque no solo se trataba de formación profesional, también nos sentimos comprometidos a que terminaran siendo mejores personas, no menos real es que el intercambio de conocimientos fue de doble vía. Nosotros les ofrecimos las herramientas adecuadas para que pudieran recorrer el camino, ellas aceptaron el reto y valientemente cada día se enfrentaban positivas a un contexto desconocido y del cual salieron airosas en todo momento.

Yo me convertí en su alumna. Porque mientras compartía lo que la experiencia me ha dejado, y no me refiero solo a aspectos académicos, tuve la oportunidad de contagiarme de sus energías. Aprendí sobre diversidad, tolerancia, responsabilidad y amor propio.  Con ellas aprendí de coraje, a sacarle el máximo provecho al tiempo, a entender que trabajar también combina con diversión. Aprendí que lo más importante de un trabajo son las amistades que puedes fomentar en él. Que la juventud no es pretexto para ser disciplinados, que las limitaciones económicas no te frenan, te impulsan. La verdad es que muchas veces no estuvimos de acuerdo, pero me sentía satisfecha cuando defendían su posición con respeto. Nunca se callaron frente a lo que no entendían, y fueron lo suficientemente humildes para reconocer cuando se equivocaban.

Para ellas el programa terminó, para otros jóvenes empieza… En nuestras páginas quedarán sus firmas, y en nuestros corazones todo el cariño que conquistaron.

¡Suerte!

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