El síndrome del motorista

La vi entrar asustada a la farmacia de una pequeña plaza comercial. Sus labios temblaban y su voz se escuchaba entrecortada. Le contó a la dependiente de la tienda que había pasado un gran susto.

La señora había sido atracada en dos ocasiones recientes, una muy cerca de la otra. Así que al escuchar el ruido de un motor que se acercaba a ella mientras se desmontaba de su vehículo, atinó rápidamente a tirar en el pavimento su cartera con la intención de alejar de ella al supuesto asaltante.

Sus artículos personales se dispersaron por todo el piso, y para su sorpresa, el joven, de quien se sentía amenazada, se había detenido calmadamente en el parqueo contiguo y estaba recogiendo las cosas.

“¡No soy un atracador, no me interesa su cartera!”, explicó la señora que le dijo el joven. “Trabajo como repartidor de pizzas en el negocio de al lado”. Ella se sintió avergonzada de haber juzgado mal las intenciones del muchacho, y me imagino que el inocente trabajador también, por todo lo ocurrido.

Honestamente no la culpo. A mí particularmente me da pánico cuando voy caminando y escucho el ruido de un motor a pocos metros. No es un secreto, en nuestra sociedad los motores se han convertido en el transporte preferido por los delincuentes.

Un artículo publicado recientemente en las páginas de LISTÍN DIARIO daba cuenta de que de cada 100 asaltos o robos callejeros que se efectúan en el país, 80 se realizan desde motocicletas, práctica que en los últimos meses ha ido tomando auge, a tal extremo que la gente teme salir a las calles a cualquier hora del día.

Otra persona presente en el establecimiento comercial contó que hacía una semana circulaba en su vehículo con el cristal un poco abajo y en un semáforo se le acercó un motorista, a plena mañana, y pistola en mano le pidió el reloj, su anillo de bodas, la cartera, el celular y sus lentes. No tuvo más remedio que entregarle sus pertenecías, y aunque estaba rodeado de vehículos y personas, nadie se percató de lo que estaba ocurriendo.

A través de los medios de comunicación y las redes sociales vemos horrorizados cómo los delincuentes han desarrollado plataformas estratégicas para sus acciones. Han innovado en la forma de atracar, utilizan la tecnología, planifican sus jugadas, evalúan los riesgos y hasta son capaces de hacer alianzas estratégicas con diferentes grupos de pandillas. Toda una organización que pone sobre el tapete un verdadero reto para la Policía Nacional que tiene la responsabilidad de recuperar la paz y la tranquilad de la población en general.

Pero y qué de aquellos que utilizan las motocicletas con el simple objetivo de trasladarse hacia sus lugares de trabajo, o como medio para ganarse la manutención de su familia. Qué pasará con quienes deben, por la naturaleza de sus funciones, desplazarse a altas horas de la noche en motores. Un escenario difícil para los inocentes, que ojalá sean mucho más que los que se encuentran implicados en actividades ilícitas.

Oremos porque que se ponga fin a esta ola de atracos que ha convertido nuestro país en una especie de película de piratas o vaqueros, antes de que todos miremos atónitos y desconfiados a cualquier motorista.


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