¡Hablemos de lealtad!

De Jesús, el eterno Maestro, es mucho lo que se ha hablado a lo largo de la historia, sin embargo, nunca será suficiente. Su nombre esta intrínsecamente relacionado a los conceptos de amor, perdón, confianza, solidaridad, aceptación, valentía… y mi favorita, lealtad. Para los creyentes estos significados son fuente de inspiración para renovar el compromiso espiritual.

Hoy damos inicio a la denominada “semana mayor” del cristianismo, que concluye con el  “Triduo Pascual” que comprende los tres días en que se conmemora la pasión, muerte y resurrección de Jesús. Más allá de su contexto religioso, estos tradicionales rituales se refieren a reflexiones sobre valores e ideas universales que están presentes en la humanidad a través de importantes corrientes filosóficas, morales y espirituales, y sirven de guía para llevar una vida más plena, positiva y feliz.

Entre estos valores esta la lealtad, un concepto que se ve reflejado en distintos episodios
y enseñanzas de la vida de Jesús. Se pudiera pensar que la lealtad es una capacidad inherente al ser humano, pero no es así. Cada día nos topamos con más gente desleal, capaces de traicionar el cariño y el respeto para defender sus posiciones.

Disciplinas como la psicología advierten sobre la necesidad de cultivar este valor en los niños con el objetivo de formar adultos honrados, agradecidos y leales, no solo a sus propias ideas y convicciones, también a las instituciones donde laboren y con los familiares y amigos que compartan.

Pero como toda acción ligada a las actitudes, los niños aprenden con la más efectiva de las herramientas: el ejemplo. Observando cómo sus padres profesan lealtad entre ellos, es el mejor espejo para ver reflejada su futura vida matrimonial. La manera cómo hablamos frente a nuestra prole de la empresa donde trabajamos, de nuestros jefes o incluso de nuestro compromiso ante un proyecto, implica, sin proponerlo, una enseñanza sobre la importancia de ser leales. Concepto va mucho más allá de profesar agradecimiento, engloba en sí mismo otros valores como el respeto y el compromiso.

Ser leales conlleva actuar de manera empática. Amar no siempre es sinónimo de lealtad. Jesús fue leal a sus discípulos, a su Padre, y a la esencia de su propósito. Cruzó valientemente por el camino que tenía trazado y nunca defraudó a quienes confiaron en Él.

Estos días de descanso son también ideales para tener presentes las claves que dan sentido a nuestra vida y nos ayudan a vivirla mejor. Perfectos para evaluar qué tan comprometidos estamos con las personas que nos rodean. La lealtad no es una consecuencia de un sentimiento afectivo, es el resultado del discernimiento para elegir lo que es correcto, en el momento preciso y sin dañar a terceros.

La sociedad esta carente de personas leales en todos los ámbitos sociales, personas que se amen a sí mismas lo suficiente para entender que no necesitan apagar la luz de quien está a su lado para que brille la propia.

‘La piedad y la lealtad no te abandonan, átalas a tu cuello, escríbelas en la tablilla de tu corazón. Así hallarás favor y buena acogida a los ojos de Dios y los hombres’. (Proverbios 3:34). Una frase válida para los cristianos y para todas aquellas personas deseosas del bien para ellas mismas y los demás. Mi invitación para esta Semana Santa es para reflexionar sobre la importancia de fortalecer nuestro nivel de lealtad.

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