Los niños de Siria

Hace algunos días vi en las redes sociales un video que me dejó sin aliento. Sentí que el alma literalmente se me partía en pedazos. Era la imagen de un niño, no mayor de 10 años, que se encontraba aterrado en la sala de un hospital en la localidad de Jan Shijun, en el norte de Siria. Tras los recientes ataques el  pequeño inocente lloraba desconsolado. Preguntaba a la enfermera si iba a morir. No sabía dónde estaban sus hermanos y hacia una descripción del tormentoso momento que vivió tras el bombardeo. Pero lo peor no había pasado. Mientras era grabado el video, el hospital donde se encontraba junto a otros niños, fue blanco de otro ataque, y era el único centro médico que quedaba en la zona…

El audiovisual  fue difundido con el objetivo de llamar la atención a la comunidad internacional sobre los desbastadores danos que provoca la guerra, especialmente en los niños, y el uso de químicos, que aun estando prohibidos por la Organización de la Naciones Unidas (ONU) siguen siendo utilizados.

Según datos de la ONU, desde el inicio de las protestas en Siria, a mediados de marzo de 2011, más de nueve mil personas han muerto, más de doscientos mil se han desplazado a otras zonas dentro del país y un aproximado de treinta mil se han refugiado en el extranjero.

Leí un artículo escrito por Antonio Barrios, especialista en conflictos internacionales, en el cual afirmaba que el motivo principal de esta guerra es quitar del poder a la familia de Bachar al Asad, quien ha gobernado Siria por más de 40 años. Pero que entendía que detrás de esta ofensiva también existe un componente geopolítico importante “porque toda esta problemática inició con la entrada de Estados Unidos a Irak”.

Pero yo pregunto: ¿Qué les importa a estos niños toda esta historia? ¿Qué itienen ellos que ver con este conflicto bélico? ¿Qué culpa tienen de haber nacido en Siria? Todo indica que este ha sido su único pecado. Lloré por varios minutos sin poder evitarlo. No conocí este niño, ni a ningún otro de Siria, pero vi en su rostro a mis hijos, a mis sobrinos, a los hijos de la gente que amo… estos infantes no tienen que pagar los problemas políticos y sociales de sus países.

Cuando uno imagina a un niño piensa en él como un pequeño ser humano que juega, se divierte, estudia o incluso hace travesuras, sin mayor preocupación más allá de divertirse o tener venas calificaciones. Si bien es cierto que muchos infantes pasan penurias y tristezas incluso en nuestro país, también es real que la guerra es un estado despiadado de acoso emocional que pone en peligro su vida. En definitiva, no es para ellos. ¿Qué pasara por su diminuta mente ante tanta crueldad?

Las impresionantes imágenes del ataque químico se pasean por las redes, pero ningún otro gobierno se involucra. Vemos niños que pasan días sin acceso a agua potable, niños rescatados de entre los escombros cubiertos de polvo y sangre. Niños con miradas tristes, atormentados, parados frente a un futuro incierto. El brutal conflicto en Siria cumple seis años de sufrimiento, desesperación y violencia. Entre bombas, disparos y explosiones los niños mueren en silencio mientras el resto de los llamados “humanos” solo nos limitamos a observar y opinar…

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