Lo que aprendí del “Rayo McQueen”

Para quienes tienen niños les parecerá familiar el nombre de “Rayo McQueen”, un hermoso auto rojo que por varios años se ha convertido en la sensación, no solo de los niños, también de muchos adultos que disfrutan las películas de Disney, que aunque están dirigidas a niños sus aprendizajes son para los adultos.

En Car I, vi un valiente joven que estaba dispuesto a darlo todo para lograr materializar su sueño de ser un corredor profesional. Y así lo hizo, pero su actitud egocéntrica causó el rechazo de sus compañeros. En la trama, McQueen no solo aprendió a competir valorando el talento de sus rivales, aprendió a manejar su ego y conoció el valor de la amistad. Una trama que de tanto verla, confieso que llegue a memorizar los diálogos de los personajes.

En Car II, luego del gran éxito en las carreras con su cuarta Copa Pistón y del fallecimiento de su mentor Doc Hudson, el Rayo McQueen regresa a su hogar en “Radiator Springs”, dispuesto a pasar más tiempo con sus seres queridos y apreciando las enseñanzas adquiridas. Aquí salió a relucir el importante principio de que debeos cuidar la gente que nos ama, y de que siempre, sin importar que estemos llenos de gloria o derrota, nuestro círculo primario estará disponible para recibirnos y apoyarnos.

En esta tercera fase de Car, McQueen sigue siendo el mejor auto de carreras del mundo, pero ahora  es uno de los más veteranos del circuito y quiere demostrar que aún no necesita jubilarse. En esta ocasión, se enfrenta a una nueva generación de corredores más jóvenes, potentes y veloces, aliados de la tecnología, competitivos y revolucionarios. Me recordó los ‘millennials’ esta generación única que ven el Internet, el teléfono inteligente y los medios sociales como herramientas naturales. Profesionales que se preocupan por manejar a la perfección más de un idioma y que son capaces de hacer varias cosas a la vez.

Para lograr su objetivo nuestro protagonista contará con una entrenadora que lo ayudará a entrenarse con las nuevas tecnologías. McQueen, como muchos, se ve frustrado ante tantos avances que lo obligan a reinventarse para entrar en la competencia. El final no pudo ser más hermoso, McQueen se da cuenta de que, en este momento de su vida, su éxito consiste en compartir su sabiduría y experiencia para que otros puedan alcanzar el éxito que el una vez tuvo. Cuánto necesitamos de profesionales que en vez de cerrarse en un egoísmo que destruye, faciliten a otros el camino indetenible de la evolución generacional.

Cada uno de nosotros tiene tanto por aprender y tanto por compartir. Al final cada quien brillará en el lugar que le corresponda. Hagamos el compromiso de que por nuestro lado no pase nadie sin haber aprendido alguna lección que le ayude a ser mejor persona o mejor profesional.


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