Nueve décadas y seguimos contando…

Una de las primeras cosas en que muchas personas piensan cuando tienen la oportunidad de “apagar la velita” y pedir un deseo, es en permanecer siempre joven. Con frecuencia la felicidad se asocia a una piel lozana y radiante; sin embargo, los testimonios confirman que en la medida en que vamos envejeciendo empezamos a valorar la esencia de las cosas importantes de la vida, a agradecer por cada bendición recibida y como consecuencia nos vamos acercando a la verdadera felicidad.

Al parecer, esa maravillosa sensación de sentirse mejor con uno mismo y con su vida aumenta año por año. De jóvenes, aun sin proponérnoslo, nos encontramos en una constante batalla para prevenir las arrugas y para no engordar, producto, quizá de la presión social, pero después de los 60, según un estudio publicado en Journal Clinical of Psychiatry, la gente es más feliz porque elige dar prioridad a momentos y acciones con las que se logran grandes satisfacciones.

Pienso en esto y es imposible no relacionarlo con mi padre, quien era un hombre apasionado y alegre. Lamentablemente cuando falleció aún no había cumplido 50 años, así que no llegué a tener la oportunidad de acariciar sus arrugas, escuchar las historias de sus días de travesuras, ni pude disfrutar de su sonrisa de satisfacción al ver a sus nietos crecer. Pero Dios, que todo lo tiene planeado, me dio una segunda oportunidad: Mi abuelo César. En esencia el padre que toda persona quisiera tener.

Hace apenas algunos días celebramos con un gran encuentro familiar sus 90 años. Con 9 hijos, 37 nietos, 47 bisnietos y un corazón rebosante de energía, mi abuelo es un ejemplo de lo que significa envejecer de forma positiva. Siempre está de buen humor, disfruta trabajar, camina largos kilómetros, sin ni siquiera sofocarse, puede comer “de todo”, e incluso una que otra vez disfruta un trago de whisky y hasta baila algunos merengues.

Tiene 90 años, pero a juzgar por su estado físico y su actitud pudiera jurar que tiene 40. Con él queda demostrado que la edad es solo un estado mental. Pero mi abuelo confiesa que tiene algunos secretos para mantener su buen estado físico y mental: cree en Dios como su Salvador y alimenta su fe, va cada domingo a la iglesia; no critica, no daña a nadie, sostiene que no dispone de tiempo para eso; es sincero y siempre dirá lo que siente, aun cuando no sea lo que las personas quieren escuchar; busca siempre el lado bueno de las cosas; ayuda a todo el que le rodea, sin importar de dónde venga; disfruta la naturaleza; trabaja, no se queda quieto ni un instante; ama, no deja pasar ningún momento que tenga la oportunidad de abrazar a las personas que ama.

Por último, dice que conserva tan buenos momentos de su juventud que rememorarlos es un placer… entoncés vivir a plenitud parece ser la clave.

¡Salud y bendiciones para nuestro querido Papá!


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s