¡Una menos… de la lista!

Confieso que me encantan las listas… soy de esas personas que anota todo lo pendiente. Mis amigas y mis hijos se burlan porque siempre tengo en mi cartera una libreta abarrotada de listas. La lista del supermercado, la lista de regalos, la lista de pendientes de la casa, pendientes de la oficina, la lista de pagos, la lista de llamadas, y así obviamente una larga lista de cosas que parece interminable porque además continuamente agrego otras ideas.

Curiosamente hace algunos años estructuré una lista muy especial y la que llevo conmigo a todos lados. Después de muchos borradores, un día me sentí conforme con lo que había denominado “la lista de cosas por hacer antes de morir”. Lógicamente una propuesta simplemente humana de la que solo Dios sabrá cuantas llegaré a cumplir, lo cierto es que de vez en cuando trato de revisarla con el objetivo de refrescar mi memoria y no descarrilarme del objetivo planteado. Esta lista ha sufrido varias actualizaciones porque algunas acciones que en su momento eran importantes con el paso de los años han perdiendo mi interés y son sustituidas por otras.

Algunas de estas tareas no dependen de mí en su totalidad y aquí un gran reto, que también forma parte de esa lista: fortalecer mi fe y mi paciencia… Pero no me puedo quejar, muchas de las cosas deseadas se han ido materializando y agradezco a Dios por permitirlo.

En esa lista especial la mayoría de las líneas están dedicadas a mis hijos. Que sin duda son la mayor bendición que he recibido. Una de las solicitudes que encabezan esta lista era tener el privilegio de ver la graduación de mi hijo mayor. Ahora pareciera simple, cuando lo escribí, Chris tenía seis años. Hoy es un joven publicista que llenó de orgullo mi vida al verlo desfilar en el Gran Teatro del Cibao, luego de que su nombre fuera mencionado entre los estudiantes con honores “Summa cum laude” de Unapec.

Entendí algunas cosas ese día, entre ellas que siempre valdrá la pena inculcar a nuestros hijos, no importan la edad que tengan, la importancia de capacitarse; que la vida pasa veloz y hay que aprovechar el tiempo y acurrucar a nuestra prole. Entendí que es mentira que finalizar una carrera profesional y ver llegar el día de la graduación es la más grande satisfacción que puedes llegar a sentir, realmente, nada se compara con la sensación maravillosa e indescriptible de ver que ese anhelado birrete en la cabeza de tu hijo.

¡Y hoy celebro por eso!

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