¡Un corazón espera por ti!

Hace muchos años conocí la labor solidaria de la Fundación Heart Care Dominicana a través de quien fuera para mí una fuente inagotable de conocimiento y motivación profesional en aquel entonces. “La Licen”, como solíamos llamar a Maritza Carvajal, sin proponérselo se fue involucrando poco a poco con la iniciativa del doctor Pedro Ureña de ayudar a niños y adultos que padecen enfermedades cardíacas para que sean evaluados, diagnosticados e intervenidos de forma quirúrgica. Para sus inicios los profesionales de la medicina eran voluntarios de otros países, hoy, gracias al trabajo arduo y tesonero de la entidad sin fines de lucro, muchas de estas operaciones se realizan en el país, lo que representa varias ventajas para el paciente y sus familiares.

Ayudar al prójimo tiene magia y misterio… De repente, aquella importante ejecutiva que tenía sobre sus hombros múltiples responsabilidades en el área administrativa de Listín Diario, y a quien el tiempo prácticamente no le alcanzaba, había buscado un espacio para las reuniones, visitas a los niños y todo aquel trabajo de planificación que requerían las jornadas de cirugía. La vi muchas veces quedarse hasta tarde en la oficina organizando documentos y realizando llamadas en favor de la fundación. Vi, en innumerables ocasiones, su rostro de satisfacción cuando celebraba el éxito de un operativo y aprendí a valorar el trabajo voluntario.

Por esas situaciones inexplicables que tiene la vida, tiempo después mi “Licen” sufrió un infarto, y se vio en la necesidad de ser intervenida quirúrgicamente, años después lamentablemente partió de este plano terrenal a consecuencia de complicaciones coronarias. Su trabajo voluntario en la Fundación Heart Care Dominicana la llenaba de satisfacción, lo realizaba con placer, disponía de su preciado tiempo y con el gran sentido de la responsabilidad que la caracterizaba aportaba sus conocimientos y motivaba la participación de contactos importantes para la entidad, puedo dar testimonio de esto porque estuve a su lado durante todo el proceso.

Este año, a propósito del Árbol de la Esperanza que se levanta en el atrio central de Ágora Mall, me animé a ser parte del equipo de voluntarios de la fundación. Invité un grupo de colegas, que de inmediato dieron un entusiasmado si como respuesta, y emprendimos camino a una acción solidaria en beneficio de los niños que esperan ansiosos ser operados del corazón.

Cuando tenemos la oportunidad de dar algo de nosotros recibimos el privilegio de recibir muchísimo más, una regla matemática difícil de explicar, pero lo cierto es que nos llena de energía positiva. Ayudando a otros en realidad nos ayudamos a nosotros mismos porque generamos felicidad y bienestar.

Los fondos recaudados durante este periodo del Árbol de la Esperanza serán utilizados para la cirugía de seis niños que provienen de hogares de escasos recursos. El aporte es mínimo, desde RD$50.00, y si piensas que no es mucho lo que se puede hacer con este monto, te diré que puedes devolver la tranquilidad a seis madres, la felicidad a seis hogares y hacer que latan sanos y fuertes seis inocentes corazones.

 

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