¡Derrota tu ego!

“Inevitablemente la vida se burla de las limitantes que evidenciamos y nos da la espalda ante errores comprometedores donde nuestras acciones nos acusan. Aspectos internos que no logramos superar nos hunden en público y nos culpan en la intimidad. Un cambio real no se produce por un sincero intento del alma, se necesita la irreversible humillación del corazón. Arrepentirse es derrotar el yo…”

Este párrafo del libro Rosas para el Alma, de Lucy Cosme, ¡me encanta!, no me canso de leerlo y compartirlo, porque además es perfecto para confirmar que a los seres humanos nos cuesta tanto aceptar que somos vulnerables. La gran popularidad de las redes sociales casi nos exige a mostrar ante los demás una imagen sin defectos, sin miedos o dudas. Con el paso de los año, para unos más y para otros menos, prácticamente se ha convertido en una obligación impresionar al otro a través de lo que compartimos, aunque esto implique disfrazar lo que en realidad sentimos, lo que verdaderamente deseamos, y lo que es peor, lo que inevitablemente estamos viviendo. Así, en muchas ocasiones confundimos la autoestima con mantener nuestro ego a salvo. De repente ves las redes sociales y todos tus contactos son fuertes y valientes. Disfrutan fines de semana en lujosos hoteles, almuerzan en costosos restaurantes y visten de ‘punta en blanco’.

Una amiga que es artista y se debe mucho a su imagen me comentó hace unos días que la lucha por mantener su “ego a salvo”, cuidando cada detalle de su vida para alimentar las redes sociales, se había convertido en una disputa sin tregua entre su yo real y el mundo, en la que implícitamente ya tenía la derrota asegurada porque era insostenible tener dos vidas a la vez y ser exitosa y feliz en ambas.

Ser eternamente perfectos y mostrar siempre la mejor versión de uno mismo, suena tentador, pero quizás, para lograrlo, no nos quedará otro remedio que ver la vida pasar, sentados, bien vestidos y sonrientes; sin despeinarnos ni equivocarnos, sin asumir ningún tipo de riesgo…lo más parecido a no vivir.

No siempre tenemos una imagen perfecta, o nos sentimos bien anímicamente. Mostrarse imperfectos ante los demás es también una muestra de que estamos viviendo con intensidad. Como todo ser humano con nuestras subidas y bajadas, con glorias y con miserias vamos viviendo cada día y todo esto forma parte de la esencia de nosotros mismos.

Al ego le encanta dividirnos entre ganadores y perdedores, y es imposible ganar todo el tiempo. Siempre habrá alguien más rápido, más joven, más fuerte, más preparado o con más suerte. No existen perdedores en un mundo en el que todos tenemos un talento único, compararnos nos hace infelices.

Mi invitación de esta semana es para que te liberes de la necesidad de tener razón o de lucir impecable. La nobleza no tiene nada que ver con ser mejor que los demás. Se trata de ser mejor de lo que eras antes. Vamos a centrarnos en el crecimiento individual sin pretender arruinar la trayectoria de los demás. Para muchos es difícil olvidar la necesidad de sentirse superiores. No valores a los demás basándote en su aspecto, sus logros o posesiones. Si te preocupas demasiado por cómo te van a percibir los demás, te irás desconectado de la esencia de la vida y sin darte cuenta vas a permitir que te guíen las opiniones ajenas… Así funciona el ego, no lo alimentes, ¡derrótalo!


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