Lo que seguro no sabías sobre los desfiles de moda

La presentación de las primeras colecciones de moda comenzó en los salones parisinos a finales del siglo XIX. Charles Frederick Worth – un francés de origen británico a quien se considera el padre de la “haute couture”, en español “alta costura”, comenzó a enseñar a su clientela una selección de patrones de sus nuevas creaciones a los que llamó “colección”. También fue el primero en presentar sus creaciones sobre maniquíes de carne y hueso.

Worth contribuyó al nacimiento de la creación de la “Chambre Syndicale” para la confección y costura de señoras y jovencitas. Esta asociación profesional fundada en 1868 nació con el objetivo de contribuir a desarrollar la industria de la moda en Francia. Todavía hoy vigila la utilización de la etiqueta Haute Couture que sólo pueden utilizar sus miembros. Esta organización también indica el número de looks que se han de presentar durante los desfiles.

El término Haute Couture es un apelativo jurídico protegido que responde a los siguientes criterios:

  1. El trabajo ha de ser realizado a mano en un taller donde se trabajan las telas fluidas para los vestidos camiseros o vestidos de noche, y debe haber otro taller para los trajes estructurados donde se confeccionan los pantalones, las faldas y las chaquetas.
  2. Todas las prendas deben ser únicas y realizadas a la medida.
  3. En el desfile de cada colección tienen que presentarse, como mínimo, veinticinco looks (en vez de los cincuenta, como venía siendo habitual hasta hace algunos años)
  4. El diseñador tiene que tener un padrino. Es decir, que necesita que otro diseñador de consolidado prestigio y trayectoria, le dé la alternativa.
  5. Por último, es imperativo que la firma participe, como mínimo, al menos en dos desfiles al año.

Antes de ser admitido a la “Chambre Syndicale”, el diseñador debe participar durante dos años como miembro invitado por algún diseñador de Haute Couture. Los diseñadores extranjeros, a los que se conocen como “corresponsales” pueden ser invitados a desfilar.

Aunque el precio de las creaciones de Alta Costura pueda parecer extremadamente elevado, no lo es tanto si se tienen en cuenta que para la realización de una de estas prendas, por ejemplo un vestido de novia bordado, se requieren aproximadamente unas mil trescientas horas de trabajo, y setecientas horas para dar vida a una capa de plumas. Sin embargo, aunque parezca mentira, no es a través de las colecciones Haute Couture con las que las grandes firmas crean su riqueza. La cifra de negocios de la Haute Couture sólo representa un 1% de sus beneficios. Existen porque posicionan y mejoran la imagen de marca de la firma.

Al principio, estas presentaciones de moda reservadas para clientes de clase socioeconómica alta, se solían celebrar en residencias privadas o en los salones de las maisons de couture. Poco a poco se fueron convirtiendo en una puesta en escena con cuidada decoración y con la introducción de música de fondo con el propósito de que se convirtieran en una experiencia agradable y en una fiesta de la moda.

La segunda guerra mundial y la ocupación de Francia por los nazis cortaron de raíz todas estas manifestaciones. Sin embargo, en Nueva York y gracias al impulso de Eleenor Lambert se funda la Press Week en 1943 cuya finalidad consistía en promocionar el diseño de moda americano. Un evento al que sólo podía asistir la prensa especializada. Durante su primera edición sólo pudieron acceder 53 editores de moda, en la actualidad son más de 150 los invitados que se desplazan hasta allí para la ocasión.

El éxito de la Press Week neoyorquina anima al aristócrata italiano Giovanni Battista Giorgina, quien en 1952 organiza una serie de presentaciones de moda de marcas italianas en el palacio Pitti de Florencia.

En 1957, los desfiles en Florencia alcanzan tal éxito que la ciudad no tiene capacidad suficiente para poder acoger a toda la masa de personas que se desplazan para asistir a los mismos. Por este motivo, el evento se transfiere a Milán.

En 1961 tiene lugar la primera presentación de moda en Londres para dar a conocer el movimiento vanguardista Mod. Hubo que esperar hasta el año 1973 para que se creara oficialmente la Semana de la Moda parisina en Versalles. Para recaudar fondos para la restauración del castillo, cinco grandes marcas francesas de la talla de Dior, Yves Saint Laurent, Givenchy y Oscar de la Renta organizaron en noviembre de ese año un desfile.

1975 es el año de la creación oficial de la Settimana Della Moda en Milán con el apoyo de la Cámara Nacional de la Moda Italiana que fue quien estableció el primer calendario oficial.

En 1984 comienzan los desfiles en Londres. Lo que recuerda a la Fashion Week londinense tal y como la conocemos en la actualidad comenzó en un parking situado en el oeste de Londres. Con el apoyo de la edición inglesa de la revista Vogue, el gobierno británico aceptó el patrocinio de este evento que puso en escena a jóvenes diseñadores como John Galliano o Betty Jackson.

En 1993, el Consejo de Diseñadores de Moda Americano anuncia la centralización de sus desfiles en el Bryant Park de Nueva York. Hasta esa fecha, habían tenido lugar en boutiques o en los talleres de los diseñadores, pero el derrumbe de un techo durante un desfile de Michael Kors precipitó esta decisión.

En 1994 la Semana de la Moda en París comienza a celebrarse en el Carrousel du Louvre. Con este anuncio, la Cámara Sindical de la Couture pretende simplificar los desfiles. En el 2007 se celebran más de 40 Fashion Weeks en todo el mundo. En el 2010 la Semana de la Moda de París abandona el Carrousel du Louvre, y la de Nueva York se instala en el Lincoln Center. La razón de estos cambios es que estas localizaciones se habían quedado pequeñas, y también porque la decoración a la hora de presentar un desfile resulta clave y en estos espacios se encontraban muy limitados.

En la actualidad, se celebran más de 140 Fashion Weeks en todo el mundo donde durante el tiempo que dura el show las grandes marcas de la moda y del lujo procuran trasladarnos a una tercera dimensión. Siempre magníficamente bien orquestados y reservando más de una sorpresa, los desfiles en la actualidad se han convertido en auténticos espectáculos con puestas en escena que contribuyen a transmitir el espíritu de las marcas.

Algunos, como Chanel, alquilan las instalaciones del Grand Palais de París para que sus decoradores y estilistas reinterpreten sets que reproducen con todo lujo de detalles supermercados, brasseries, casinos, o terminales de aeropuertos. Dior, en cambio, sigue apostando por el reclamo del Louvre, pero en vez de desfilar en el Carrousel, prefiere montar espectaculares instalaciones – con todo el esfuerzo que eso supone tanto en lo relacionado con la realización como con el dinero que se gasta.


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