El arte de NO complicarse la vida

Hace muchos años aprendí a identificar lo que los profesionales de la conducta humana denominan ‘vampiros de energías’, esas personas que no hacen más que descargar en nosotros todas sus frustraciones y negatividad. Nada le parece bien hecho, siempre encuentran un motivo para sustentar su queja, se pasan el tiempo buscando culpables en vez de buscar soluciones, no aportan nada positivo, piensan que todas las decisiones tienen el objetivo de hacerles daño y siempre tienen una excusa para resaltar los errores de los demás. ¡A ese grupo le huyo…! no solo porque han desarrollado magistralmente el arte de complicarse la vida, también porque de paso se la complican a todo el que le rodea.

Pero tengo que confesar que, inevitablemente, día a día me veo en la necesidad de tener que lidiar con gente ‘extremadamente complicada’. No solo en la relación laboral, todos tenemos algún familiar o amigo cercano que no tiene nuestra misma visión, que carece de un propósito o que, simplemente, su camino de vida es diferente al nuestro y es mejor hacernos a un lado.

“Rodéate de gente exitosa y serás una de ellas, rodéate de gente fracasada y serás la próxima”, reza un refrán popular, y con toda certeza. El sicólogo y terapeuta familiar, Bernardo Stamateas, plantea en su libro “Gente Tóxica”, que regularmente las personas en ocasiones se complican la vida innecesariamente porque buscan problemas donde realmente no los hay. Nada más devastador que llevar a cuestas una carga pesada sin saber siquiera identificar lo que contiene: experiencias pasadas que no tienen por qué repetirse, pensamientos negativos, errores del ayer, situaciones sentimentales, fracasos de parejas, metas inconclusas… hay que aprender a cerrar capítulos para poder continuar.

La gente exitosa y positiva da la importancia justa a las cosas y se preocupa cuando realmente la realidad lo amerita, las situaciones no suelen solucionarse porque nos pasemos el día “rumiando” en lo mismo. Hay que aprender a desconectarse. Muchas veces nos sentimos culpables por algún error cometido, y contrario a proponer actuar de manera irresponsable, pienso que más bien debemos aprender a perdonarnos. La falta de perdón no nos permite avanzar, lo ideal es corregir y avanzar. Las personas que no se complican la vida están claros que cuando se ha tenido una diferencia con alguien lo mejor es hablar francamente con esa persona y aclarar las discrepancias, aceptando y respetando a los demás como son.

La gente que no se complica la vida está dispuesta a aprender de todo y de todos. Se ríe de sí misma porque está consciente que unas veces se gana y otras se pierde, pero en ambos contextos nos fortalecemos. Las personas positivas toman decisiones inteligentes y guían a todo el que esta su lado para que hagan lo mismo. Creen en una vida de esperanza, te animan a mirar hacia el futuro, te motivan a seguir tus sueños, te retan a ser mejor cada día, te inspiran a trabajar. Rodearse de gente positiva aumenta nuestra energía, genera alegría. La gente positiva tiene el don, no solo de hacer que su día sea bueno, también el día de quienes están a su lado. Nos aportan valores y puede ayudar para que nos acerquemos al éxito.

La felicidad, como el éxito, es altamente contagiosa, así que mi invitación de esta semana es para que analicemos si la gente que nos rodea está colaborando para que logremos alcanzar lo que nos hemos propuesto, o nos está retrasando el proceso…

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