Detener la violencia contra la mujer es responsabilidad de todos

Desde que tengo uso de razón he escuchado cada año decenas de campañas que promuevan la detención de la violencia contra la mujer, pero al igual que las propuestas que surgen en octubre por el mes del cáncer, suelen ser pasajeras y se van diluyendo en el tiempo… Lo cierto es que sin duda cada vez la sociedad es más consciente de que dañar una mujer también impacta su familia, la comunidad en la que se desenvuelve y hasta el país porque representa un obstáculo al desarrollo.

Tras varias décadas de movilizaciones promovidas los movimientos de mujeres y por la sociedad civil, se ha conseguido incluir la erradicación de la violencia de género en las agendas nacionales e internacionales. Sin embargo, continúan existiendo desafíos en la aplicación de estas leyes, repercutiendo en una limitada protección y acceso a la justicia y no solo en nuestro país, en muchos otros de Latinoamérica la realidad es la misma.

Pero la violencia contra las mujeres no solo es maltrato físico, incluye agravio psicológico, económico y sexual. Pareciera una película de terror, pero una de las formas más comunes es el abuso por parte de quien dice amarla, mediante la actividad sexual forzada. Este tipo de abuso, que es también conocido como violencia doméstica, casi siempre está acompañado de abuso psicológico, y lo peor es que a veces los hombres y mujeres llegamos a justificarlo.

Tristemente vivimos en una sociedad que de alguna manera ofrece apoyo a los hombres que cometen abuso, basados en el paradigma de que ellos tienen la razón, el poder y la autoridad para determinar qué puede y debe pensar, sentir y hacer una mujer, solo porque ella decidió compartir su vida con él. ¡Nada más falso e indignante!

En el grupo de chat del colegio hace algunas semanas una madre habló molesta de que su hija estaba siendo maltratada verbalmente por un compañerito de clase. ¡Caramba, son niños de 12 años!, pensé, pero luego atine a reflexionar que era el momento adecuado para frenar, de ambas partes, esta conducta. Primero al niño para que aprenda a valorar y a respetar a las mujeres, y segundo a la niña para que entienda lo importante que es denunciar a tiempo cualquier acción con la cual no se sienta cómoda. Por suerte este escenario tenía muchos puntos en favor de ambos niños: padres responsables y atentos a la conducta de sus hijos y un contorno educativo preocupado por la formación en valores. Lamentablemente no todas las niñas dominicanas corren con la misma dicha.

La prevención primaria debe iniciar en la familia. Necesitamos orientar las nuevas generaciones con fundamentos de igualdad para que poco a poco se vayan construyendo pautas de comportamiento, creencias y actitudes que mejoren las relaciones entre mujeres y hombres y que, por tanto, eviten la violencia de género.

Empecemos entonces a generar de manera independiente un ambiente sano para que nuestros hijos no vean la violencia como algo natural. Demos inicio a charlas con nuestros adolescentes sobre el respeto a la mujer. Ojala los servicios jurídicos especializados estén más al alcance de las mujeres de forma gratuita, que se les propicie un ambiente seguro para presentar las denuncias, y lo más importante, que cada mujer entienda que es un ser maravilloso y especial que no merece, bajo ninguna circunstancia, ser maltratada. Solo en este contexto podremos avanzar y decir  ¡ya no más violencia, las mujeres queremos vivir en paz!

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