Madre adolescente, una historia de resiliencia y valentía

Cuando Escarlyn Cid tenía 15 años recién terminaba el colegio con planes de ingresar de inmediato a la universidad para cursar la carrera de Derecho. A pesar de ser una mujer hermosa creció con muchos temores. Con una infancia marcada por la inseguridad buscó refugio emocional en un amigo, un joven de 21 años, de quien luego se embarazó.    “Para que una persona pueda entender un poco mi presente debo trasladarla a mi pasado. Soy la tercera hija de mi madre, una mujer humilde oriunda de Puerto Plata. Siendo muy joven salió embarazada y su pareja le pidió que abortara porque no se haría responsable. Mi madre decidió seguir adelante con su gestación y llegué yo al mundo, pero sus precariedades económicas no le permitían ofrecerme una crianza digna, por lo que, cuando  yo tenía cuatro años, decide darme en adopción”.

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Es así como Escarlyn llega a la casa de su nueva familia en la ciudad de Santo Domingo para vivir con una pareja que no podía concebir. “Recuerdo llegar ese día llena de miedo a una casa nueva. Me declararon como su única hija, por primera vez tuve apellido, pero me cambiaron el nombre, así, sin ninguna explicación, como si yo fuera una mascota. Poco a poco me fui convirtiendo en una niña agresiva, con muchos temores y de pocas palabras. Lloraba cada noche en mi habitación… extrañaba tanto a mi madre”.

Los padres adoptivos de Cid, como muchos padres de adolescentes, habían prohibido el tema sexual en la casa. “En ese entonces había pocos lugares donde una joven podía documentarse, sin internet, sin hermanos, y con pocas amigas, la poca información sexual a la que tenía acceso era la que me suministraba un amigo con quien me involucré en una relación a escondidas”.

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Al poco tiempo Ecarlyn fue parte de la estadística. Según un informe publicado recientemente por la Organización Panamericana de la Salud (OPS), el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) y el Fondo de Población de las Naciones Unidas (Unfpa) América Latina y el Caribe es la segunda región del mundo con la tasa más alta de embarazos adolescentes, siendo República Dominicana tiene los índices más elevados en El Caribe.

“Cuando supe que estaba embarazada, lo primero que me llegó a la mente fue abortar. Tenía mucho miedo de la reacción de mis padres porque su carácter era fuerte. Mi novio nunca apoyó mi deseo de interrumpir el embarazo, pero mi temor era demasiado, sentí que había defraudado a mis padres, con quienes tenía una deuda emocional por la adopción, no tenía idea de cómo iba a enfrentar la vida con un niño… fueron largas semanas de angustia y depresión en las que llegue incluso a desear morir”.

Pero lo que tanto temía Escarlyn sucedió, sus padres se dieron cuenta que estaba embarazada. “Ese mismo día me expulsaron de la casa con aproximadamente dos meses de gestación. Tuve que ir a vivir a casa de mi novio. Mi madre dejó de hablarme durante mucho tiempo y jamás recibí su apoyo económico por lo que tuve que retirarme de la universidad”.

Un giro drástico no planificado

Escarlyn confiesa que vivió un embarazo triste. Sentía vergüenza, la sociedad y su familia la juzgaban implacablemente. “No recuerdo un día en el que no llorara. Cuando mi hija nació todas mis prioridades cambiaron, todo mi mundo se transformó. Mientras mis amigas disfrutaban de la playa o la discoteca yo tenía que trabajar cuidar la casa y atender a la niña. Casi no dormía, estaba en un estado de depresión. Pero entendí que por ella debía seguir adelante y no podía quedarme en el lodo”.

“Cambie de trabajo, me inscribí en una universidad más económica y seguí mi carrera de derecho. Hacia malabares para distribuir el tempo y el dinero, era mucha responsabilidad para mi edad. A veces pensaba que iba a enloquecer”.

Cuando la niña tenía un año de edad la relación con sus padres había mejorado, Ella que tomó la valiente decisión de separarse de su pareja y volver a su casa materna.  “Ya en la casa de mis padres la carga económica era más liviana, por lo que pude ahorrar para comprar mi primer carro. Pero los problemas con mi madre se iban acentuando, discutíamos mucho y al cabo de un tiempo dispuse mudarme. Mis padres querían que dejara a la niña viviendo con ellos, alegaban que era muy joven y que no tenía experiencia, que ambas íbamos a pasar mucho trabajo. Pero no lo dudé ni un segundo, mi hija se fue a vivir conmigo a un pequeño apartamento rentado, bajo mi única responsabilidad. No quería que ella pasara lo mismo que pasé yo, que crecí sin mis padres biológicos”.

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Una adolescente responsable

Pasaron muchas situaciones difíciles pero Escarlyn siempre tuvo a su lado a su hija Wilesca.  “Me gradué de abogada y de locutora a pesar de que muchos apostaron a que no me iba a superar. Soy una mujer disciplinada y organizada con el dinero. Soy perseverante y positiva. Me refugie en Dios, prendí a cuidarme y a ser responsable de mis actos y nunca permití que los momentos de angustia y dolor me hicieran flaquear frente a algún vicio”.

Hoy su hija Wilesca Medina Cid tiene 17 años, la misma edad que ella cuando la niña nació. “He sentido miedo de que ella pase por alguna situación similar, por eso le hablo francamente de sexo, de lo hermoso que es tener hijos, pero en el momento correcto.  Ella sabe a la perfección todas las necesidades que pasé, de mi angustia y dolor y de cómo hemos salido a camino. Es una niña obediente, me respeta, soy su madre y trato de ser su amiga, y le he dado la libertad de que me hable y me pregunte todo cuando necesite saber, tiene una gran nobleza en su corazón y es humilde, me satisface tanto saber que su estabilidad emocional no se ha visto afectada”.

Wilesca y Escarlyn comparten ‘literalmente todo’. “Los domingos vamos a casa de mis abuelos maternos a almorzar, ella me lleva al colegio todos los días, la acompaño a hacer diligencias, al salón de belleza, salimos a divertirnos juntas, disfrutamos los juego de mesa… ella es mi mundo, siempre estamos juntas”, dice la adolecente sin poder contener las lágrimas.

Escarlyn entiende que a ella le falto orientación sexual y apoyo de parte de sus padres. “Dicen que la madurez se logra con los años, en mi caso esa madurez llegó con la cantidad de responsabilidades. El soporte de tu núcleo familiar es importante, el hogar es la primera escuela de la formación de una persona. Mi vida no fue, ni es un cuento de hadas, pero hice de cada obstáculo un trampolín para avanzar”.

En la actualidad ella tiene una relación hermosa con sus padres de crianza y mantiene contacto con su madre biológica. “A mi padre biológico no lo conozco, ignoro si aún vive, pero ya los perdoné. Me liberé de la atadura del odio, recuerdo cada escena con tristeza, pero no con rencor. Una de las cosas que me ha ayudado a superarme es leer, soy amante a los libros, y como tuve una vida muy solitaria siempre me acompañó un libro. Leía libros de superación personal. Aún tengo muchos miedos, pero he aprendido a manejarlos”, dice Cid.

“El bien y el mal tienen la misma cara, todo va a depender de cómo manejes tus circunstancias, en ti está si quieres convertirte en el héroe o el villano de tu historia”, concluye Escarlyn.

Y para dejar evidencia de que traerla al mundo y luchar por su bienestar fue la mejor decisión que pudo tomar Escarlyn, su hija es enfática al decir: “Mi mamá es una mujer maravillosa, de buen corazón, que actúa con liderazgo y sabe darle la importancia necesaria a cada cosa. Ella camina con la frente en alto a pesar de todo lo que ha pasado, siempre está de buen humor, su mundo puede estar derrumbándose y ella se mantiene firme sin importar qué este pasando. Estoy sumamente orgullosa de todos sus logros, y a pesar de la niñez que tuvo, ella es mi ejemplo a seguir…”

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