¿Quieres triunfar? ¡Olvídate de estas frases!

Hace algunos días compartí en mis redes sociales un post que se refería al gran reto que enfrentan en la actualidad los reclutadores del talento humano para formar los equipos en las instituciones. Es evidente que cada día es más indispensable que los profesionales logren combinar sus conocimientos con la actitud. El complejo mundo corporativo requiere personas enfocadas en resultados y comprometidas con su superación profesional y personal. Personas con destreza para trabajar en equipo, con inteligencia emocional y con un alto grado de identificación con la misión y valores de la empresa en la que prestan servicio.

La publicación se refiere a tres desatinadas frases, que parecen inofensivas, pero que debemos tratar de eliminar de nuestra mente y vocabulario si el objetivo es acercarnos a la excelencia. Aquí las comparto:

 

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No me contrataron para eso

Nada más absurdo que quedarse haciendo por anos siempre lo mismo y no mostrar el más mínimo interés de involucrarse en otras tareas. Si la petición no es algo descabellado o que vaya contra de su dignidad, estar siempre dispuesto solo traerá consecuencias positivas. Es sabio poner los límites adecuados para no convertirse en ‘salvavidas’ de otras personas. Pero si la solicitud se circunscribe a una labor en la que puedes aportar y desarrollar otras capacidades, ¡adelante!, no te niegues la oportunidad de demostrar que puedes.

No es mi culpa

En ocasiones las cosas no siempre salen como lo planeamos, lo importante es siempre mostrar compromiso frente al equipo. Las personas que a la primera dificultad intentan escudarse  diciendo: “esto no es mi culpa”, se proyectan como miembros poco comprometidos. Las situaciones difíciles, como las placenteras, son responsabilidad de todo el equipo de trabajo. Si para solucionar un impase puedes colaborar  sin poner en riesgo tu reputación profesional, haz lo posible por ayudar y que todo siga de la mejor manera.

No le digas al jefe

Las personas exitosas nunca dicen esto. Es un acto de irresponsabilidad. Si algo salió mal, o está fuera de control, lo correcto es afrontarlo sin rodeos. Todos nos equivocamos y frente a esa realidad no hay nada que hacer. No deje que el temor le juegue una mala pasada y se pierda confianza en sus capacidades y en quien es como persona. Y no lo olvides, sin importar qué pasa, no hable mal con su supervisor de los demás compañeros de trabajo. Conviértase en un ente de paz… no de discordia.

No lo tome personal

Quienes desarrollan la mala práctica de tomarse las cosas siempre como ‘algo personal’ tienden a vivir amargados. Si cada situación negativa que afrontamos en el trabajo la percibimos de una forma demasiado personal podemos llegar a pensar en que somos culpables,  que somos poco valiosos o que los demás están en nuestra contra.

Los temas laborales se enfrentan con responsabilidad y respeto, pero evitando que logren condicionar nuestra salud emocional. Para sobrevivir en el mundo corporativo, debemos ser realistas y darle la importancia justa a los acontecimientos. Recuerda que el éxito es una receta que mezcla la aptitud con la actitud de manera adecuada.

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