Google: mi gran competencia

Cuando era niña recuerdo que pasaba horas de conversación con mis abuelos, tías o mis padres. No había ninguna duda que ellos no pudieran despejar, desde la forma correcta de escribir un nombre, la capital de algún país, fechas o historia de inventos importantes… en fin, incluso para las tareas del colegio, prefería preguntarles a ellos antes de consultar en el diccionario o la enciclopedia. Quizá, porque cada explicación llegaba acompañada de alguna anécdota o canción y este recurso facilitaba la acción de recordación.

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Este cuento si ha cambiado

Con mis hijos las cosas han sido diferentes. Atrás quedó la idea de que “mi mamá lo sabe todo”, ellos buscan por si mismos las respuestas de las preguntas que les inquietan. Los jóvenes ahora tienen muchos más recursos para informarse, y se ha ido quedando en un segundo plano la magia de la conversación. Mi hijo menor, que tiene 13 años, llega al punto de cuestionar la veracidad de cualquier información, citando que ‘alguna página que encontró en Google tiene una versión distinta’. No me molesta que defienda su punto de vista, me inquieta que, esta ‘generación Google’ ha adoptado el buscador como su nuevo tío, por lo que no es de extrañar que, con respuestas en un clic, y disponibles en su teléfono celular, a menudo prefieran a Google antes que a sus padres, maestros, o familiares cercanos.

Perdiendo terreno

Que muchos jóvenes ya no vean a los adultos de su círculo como fuente primaria de información, demuestra que hemos estado perdiendo terreno frente a la tecnología. Sin duda, Google es sinónimo de conocimiento inagotable, que bien utilizada y con la debida supervisión, puede apoyar la formación educativa de nuestros hijos.  El tema empieza a preocuparme cuando me entero que, según un estudio realizado por ‘Pew Internet’, el 95% de los adolescentes utiliza Internet para buscar información acerca de problemas que los afectan de manera personal, como drogas, sexo o depresión, que califican como ‘difíciles para discutir’ con los adultos.

El gran desafío

En la adolescencia la comunicación padres e hijos se convierte en el gran desafío para ambas partes. La relación cambia, pasan más tiempo con los amigos y se apasionan por otros intereses. El nivel de confianza de esta etapa dependerá de cómo haya sido la relación durante la infancia. Suele ocurrir es que los adolescentes en su proceso de crecimiento comienzan a sentirse más autónomos y hasta  pueden considerarse autosuficiente, ya no sienten la necesidad de contar todo a sus padres.

En este momento la comunicación es crucial. Nuestros hijos deben crecer sin temor a equivocarse, sintiéndose queridos y aceptados tal cual son. No olvidemos que es en el hogar donde se experimentan los afectos verdaderos e indispensables para construir la vida. Mantener el diálogo abierto y sincero, escucharles para entenderles, disfrutar de sus historias y permitirles preguntar, construye la confianza en la etapa inicial y nos ayuda a alivianar el camino cuando se convierten en adolescentes. Así, aunque consulten a Google, también tomaran en cuenta la opinión de sus padres.

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