El arte de cultivar la paciencia

“Sus constantes solicitudes me desesperan, no tiene la capacidad de esperar… piensa que todo está listo en un segundo”, comentaba la dependiente de una repostería a su compañera, refiriéndose a una señora que, al parecer, era asidua en el negocio. No pude evitar reírme al escucharla, no solo por la forma en que la joven lo decía, prácticamente sin mover los labios, también porque en cierto modo me vi reflejada en esa clienta.

Y es que, vivimos a un ritmo tan acelerado que muchas veces se nos olvida que para obtener algunos resultados hay que confiar en el tiempo. Parece que tener paciencia no es una virtud muy común en esta época, y cada vez se hace más difícil  practicar la inteligencia emocional. Desear que todo sea “¡para ahora!”, puede ocasionar que nuestra vida cotidiana no tenga sensatez, incluso, poco a poco vamos perdiendo la amabilidad en el trato hacia los demás. Lamentablemente no nos hacemos conscientes de la situación.

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Confieso que con los años he perdido la habilidad de cultivar la paciencia. Reconozco la importancia de este valor que nos ayuda a tolerar, comprender y soportar las advertencias, porque con paciencia aprendemos a actuar acorde a cada circunstancia, moderando el tono de las palabras.

Educar a nuestros hijos pone a prueba cada día nuestra dote de paciencia, aceptar a los compañeros de trabajo con sus defectos y virtudes, entender la posición de nuestro supervisor, ser empáticos con la pareja, y un sinfín de situaciones, que, sin importar donde estés, ni el contexto, te enfrentarán con un yo interno que no siempre conoces.

“Nadie nace esgrimiendo la virtud de la paciencia. Todo lo contrario. El bebé quiere lo que necesita y lo quiere ahora mismo. No tiene sentido de la espera, ni las herramientas intelectuales o emocionales que le permitan posponer un deseo. Crecer, entonces, está íntimamente relacionado con aprender el significado de la paciencia”, sostiene el psicólogo Andrés Manuel Landaeta, en un ensayo en su blog ‘Ser Humano’.

El profesional explica que la palabra paciencia se deriva directamente de un término más universal: Paz. Muchos piensan que la paciencia es esa cuestionable virtud que lleva a algunos a aguantar cualquier adversidad, sin decir nada. Pero esa interpretación es inexacta. Se trata de un atributo que exige poner en acción muchos de nuestros recursos emocionales.

Sin duda es saludable tener paciencia, practicarla y enseñársela a nuestros hijos, pero primero debemos cultivarla nosotros. Así que después de la escena en la pastelería, decidí comenzar a entrenarme. A practicar empezando en mi propia casa. Estoy desarrollando el hábito de tomarte un momento antes de responder o actuar, así se ve ‘obligado’ el cerebro a razonar ates de la respuesta. No diré que siempre lo logro, confieso que en ocasiones hasta he olvidado intentarlo. Pero con esa convicción y una pizca de esperanza en que cada día será mejor, ya voy más tranquila a la pastelería, y para mi sorpresa, hasta me he sentado a tomar café.


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