¿Qué tienen en común las personas que superan las crisis?

En estos días en los que todos hemos tenido más tiempo libre de lo habitual, por recomendación de una colega me dispuse a leer la biografía de Shelley Smith Mydans, una periodista y prisionera de guerra estadounidense. Ella cubrió la Segunda Guerra Mundial desde Europa y el Pacífico. Mientras estaba en Filipinas los japoneses la capturaron por dos años en Manila y Shanghái. Tuvo suerte de participar en un intercambio de prisioneros y regresar a su país, sus compañeros no vivieron lo mismo. Murió con 87 años, luego de una vida personal y profesional colmada de bendiciones. Escribió tres novelas, la más impactante ‘Ciudad abierta’, basada en su tiempo como rehén.

¿Por qué?

Esta historia, que tuvo un final feliz, me lleva a una pregunta: ¿Por qué algunas personas superan experiencias difíciles mientras otras no logran hacerlo? Quizá la respuesta la tenga la periodista Wanda Méndez, de Listín Diario, quien ha dedicado varias páginas de este medio para resaltar los secretos de la longevidad. Una serie de trabajos que nunca dejo de leer por las grandes enseñanzas que encuentro.  Un punto en común entre las fascinantes historias es que cada protagonista ha cultivado ciertos hábitos y rasgos de personalidad que les ayudó a superar las adversidades. Eso significa que la manera en que enfrentamos las dificultades puede marcar una diferencia importante y no solo en términos de edad, también en bienestar.

Tranquilidad interior

Muchos de los seleccionados para el especial ‘La vida de los centenarios’ han confesado que su consciencia está tranquila, que han procurado hacer el bien y que en decenas de momentos fueron capaces de postergar sus deseos propios para lograr un bien común. Esta característica de personalidad hace referencia a la responsabilidad y el autocontrol. Cualidades que pueden evitar que se transite por el camino equivocado. Generalmente las personas que han tenido una larga vida atravesaron por periodos difíciles, superando quizá, guerras y pandemias. No han estado libre de dolor, pero han sabido gestionarlo adecuadamente. Con una actitud positiva no se vieron como víctimas de las circunstancias, sino que intentaban encontrar un significado a la situación. La magia de estas personas es que sin importar el infortunio experimentan gratitud, aunque solo sea por estar vivos, y como resultado renuevan sus deseos de seguir.

La buena noticia es que todos podemos desarrollar estas cualidades. Elegir asumir los problemas como desafíos, intentar enfocarnos en lo bueno y nunca rendirnos. Así, cuando todo este tema del coronavirus sea solo el recuerdo de ‘había una vez’,  incluso podríamos sentirnos orgullosos de poder contarlo, cuando lleguemos a los 100 años.


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