Ausencia de momentos ‘aburridos’

Hace algunos días recibí en el grupo de chat de padres del colegio donde estudia m hijo Oliver, un interesante artículo del doctor Luis Rojas Marcos, en el cual hace un llamado de atención sobre el estado emocional que en la actualidad están viviendo nuestros niños.

El psiquiatra califica de “devastador” el resultado de investigaciones que aseguran que, en los últimos 15 años, las estadísticas son cada vez más alarmantes sobre un aumento de enfermedad mental infantil que está alcanzando proporciones epidémicas. El estudio sostiene, entre otras cosas, un aumento del 37% en la depresión adolescente y un 200% en la tasa de suicidios en niños de 10 a 14 años.

¡Realmente desastroso! Sin darnos cuenta estamos criando niños que entienden que ‘se lo merecen todo’. El sistema cada día nos empuja a ser padres emocionalmente menos disponibles, los limites en la casa no suelen estar claramente definidos, corregimos las tareas por teléfono y los niños están tan sobre estimulados que no hemos dejado espacio para el aburrimiento. Me sentí horrible al leer el planteamiento del doctor. Confieso que también he sido cómplice de un estilo de vida sedentario para mis hijos, por complacerlos he optado en innumerables ocasiones por alimentos que no contribuyen a una nutrición equilibrada, y lo que más me ha dolido: he provocado la ausencia de momentos aburridos.

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Por fortuna en su escrito el doctor Rojas también incluye algunas recomendaciones para reparar. “Si queremos que nuestros hijos sean individuos felices y saludables, tenemos que despertar y volver a lo básico”, dice el psiquiatra y recuerdo mi entrega del pasado lunes: “Volver a lo básico”, pareciera que esta frase puede conectarnos con la mejora instantánea. Crecí en una generación donde mis padres no tenían miedo a decir que no. Teníamos que comer ensalada y vegetales y nunca mi mamá preguntó si nos gustaba, jamás me compraron cosas solo porque las quería, sino porque las necesitaba, no había tecnología así que en las reuniones familiares nos mirábamos a la cara, mis adres nos asignaban responsabilidades y una hora innegociable para ir a dormir.

Ahora vivimos con temor a que nuestros hijos se equivoquen, los queremos proteger del mundo, no les enseñamos a esperar, y no propiciamos oportunidades para el “aburrimiento”.  En algún momento el rol de padres se mezcló con el de animador o guía turístico y el fin de semana estamos planeando actividades para que los niños se distraigan, como si fuera un pecado estar un par de horas sin hacer nada.

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“El aburrimiento es el momento en que la creatividad despierta. No use la tecnología como una cura, ni la ofrezca al primer segundo de inactividad. Evite el uso de dispositivos durante las comidas, en automóviles, restaurantes, centros comerciales. Utilice estos momentos como oportunidades para socializar entrenando así a los cerebros a saber funcionar cuando estén en modo: aburrimiento”, sugiere el especialista.

A partir de esta lectura, y como parte de mis propósitos para este año, he planteado nuevas reglas en la casa. No será tan fácil, de hecho ya hemos tenido que lidiar con escenas de ira y frustraciones. Lo cierto es que para tener hijos emocionalmente estables hay que ser modelo de los valores que queremos inculcar.

Mi invitación de esta semana es para descubrir que puedes hacer con tus hijos en contra de su supuesto aburrimiento. En mi caso nos hemos puesto de acuerdo para en cualquier ‘hora aburrida’ practicar como bailar merengue.

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